sábado, 4 de agosto de 2012
- Para no perder la costumbre- dijo una
- Ya, ya... que hable la lunática- se escuchó una voz desenfadada desde el fondo del insomnio.
Llegan a la ventana y se quedan ahí quietas, como si me conocieran. Una, dos, tres, cuatro, cinco.. trece... diecinueve... Luciérnagas etéreas, impalpables. De vez en cuando una revolotea y da una vuelta por el árbol, las otras brincotean en la cornisa y hacen ruidos de campanas, ¡tin! salta una, ¡tin tin tin!... chocan entre sí. Hay una diferente, la noté desde que llegó a posarse como si no le importara mi presencia, está distraída y brilla como ninguna, "es su sonrisa" pensé. No, no la sonrisa de la luciérnaga-recuerdo-de-luna. ¿La de él?... sí, la de él.
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