Me voy a quedar sentada en la orilla del mundo, donde ya ni siquiera existe el vértigo.
Voy a dejarme andar sin órganos, así, como masa blanda que apenas vive.
Hace tiempo que decidí enfrascarme en lo imposible, no sabía que era mortal... ahora que lo sé lo sigo queriendo.
Soñé con un ritual donde el murciélago expulsaba al demonio que yo llevaba dentro, había velas, música y pedazos de recuerdos ajenos. Cuando por fin mi última convulsión anunció la huida del maldito el tambor acompañó mi desmayo, estaba empapada de humores sulfúricos... desperté, estaba empapada de humores oníricos.