Sentir degollada la voluntad.
Bajar el volumen de los ecos.
Aparecerse de repente en el único límite del mundo. Intentar ver hacia abajo y saber que ya no hay abajo, ni arriba... que no hay lugares.
Meter la mano en un pozo y sentir que me toco la espalda.
Arrancar uno a uno los recuerdos que nunca tuve.
Encontrarme de súbito con mis propias huellas. Pisarlas. Hundirlas. Pisarlas. Hundirlas.
Hablar como todos los demonios: lengüeteando al aire.
ahora
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