Quisiera poder hacerlo. Poner un pie tras otro sin preguntas, ágil, apenas tocar la tierra, camuflarme en la circunstancia y dar tres saltos mortales hacia atrás.
Hay veces que me descubro haciendo guiños en el espejo y el reflejo se me clava en los ojos como una mala broma.
Quisiera también llegar al silencio de lo más sórdido y perderme en el rincón más fétido para hablar hasta que vomite puras esdrújulas.
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